CALI ¿CÓMO PENSARLA?
La vivencia del espacio urbano y del tiempo urbano es cultura. Pero ¿qué es la cultura? Uno de los comodines conceptuales más extendido en el uso es el concepto de cultura con relación al cual difícilmente llegaremos a un acuerdo. Pero es posible aproximarnos, al menos con una noción básica que recoja algún consenso al respecto. Ejemplo, si somos seres sociales imbricados en redes de significación, la cultura es precisamente esa red y nuestra labor con el fin de orientar la acción política es primordialmente interpretadora en busca de significaciones y sentidos que nos permitan reconocer la sustancia de las aspiraciones últimas y de las demandas inmediatas de nuestras gentes. Por ende, la cultura es pública, pertenece a todos, es la más genuina expresión del colectivo humano, es nuestro acento, nuestro modo de hablar, el baile que nos hace reconocer como caleños, del mismo modo es el conjunto de valores que muestran nuestros actos y los dioses que adoramos en público o en silencio. Al ser pública, la cultura no es patrimonio particular y aunque se expresa incesantemente en cada acto de nuestras gentes, no es un objeto en sí mismo sino el modo como es el objeto y llega ser el objeto, y la forma como nos relacionamos con él; no es la olleta chocolatera en sí misma sino el modo como la usamos y lo que hacemos con ella, el modo como la representamos y hablamos de ella aunque hay olletas que sólo encontramos en nuestras casas llegando a convertirse en símbolos de lo que somos. Siguiendo al antropólogo, la cultura sería el contexto determinador en el que todo se vuelve legible, adquiere sentido, significa y nos constituye. El atardecer caleño es sólo caleño, igual la brisa, un modo de vestir y andar que se reconoce como nuestro, un modo de hablar y de valorar el tiempo y el espacio. Por ello comprender al caleño y su cultura significa identificar su modo de ser en el mundo destacando lo que lo hace particular sin dejar de reconocer su carácter universal de humanidad.